Mis flores y mis versos.
Partes de esas hojas que nunca quemé
Se transformaron en heridas abiertas.
Letras, tras puñal, tras puntos finales.
Poniendo en mayúsculas todas aquellas partes
Que debían permanecer en la parte censurada.
Y creo que se escaparon por terror, por las flores
Que se pudrieron y nunca volvieron a nacer.
Crees que son puntos suspensivos los mismos que clavaste en mi espalda gritando finales que eran dignos de una tragicomedia.
Palabras escritas a medias con tintas secas y promesas de quinta.
Casi quinta, qué pena.
Me quedaron palabras para no decirte.
Versos para no recitarte.
Rocas para no lanzarte.
Recorrí ahogos, caminos de soledad, por esas promesas de quinta.
Casi quinta, pero sin ninguna pena.
Ya no.
Y abrirás las flores y verás los puntos finales
Y nunca te moverás por que nunca lo planeaste.
Y mis ojalás nunca volverán a existir.
Y mi futuro lo haré yo.
Creceré mis propias flores,
Escribiré mis propios versos
Con tinta buena y esperanzas nuevas.
Nunca fue por nadie.
Siempre fue por mí.
Espero que crezcas, que seas feliz
De donde nunca te moverás, con quien siempre estarás.
Que veas sin ojos egocéntricos y monopolizando visiones de una realidad que tiene dos caras.
Te deseo vida, porque ya no volverás a la mía.
Adiós.
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